¿Se asocia a las villanas y los villanos Disney con ‘lo LGTBI’?

¿Habíais reparado en los estereotipos asociados a las personas LGTBI de los que hacen gala casi todas/os las/os villanas y villanos Disney?

Érase una vez una compañía de medios de comunicación y entretenimiento llamada Disney, que en ocasiones incluía a personas LGTBI en sus películas. Y estaban muy presentes en sus producciones, aunque no como cabía esperar. El perfil de personaje malvado y sus claras asociaciones a “lo LGTBI” se producían con una frecuencia aterradora, configurando una auténtica aversión indirecta hacia las personas LGTBI en la mente de millones de espectadores alrededor del mundo.

Pero bueno, dejemos esta manera tan rebuscada de explicar una realidad poco comentada, pero con grandes implicaciones en la cultura mundial. Es probable que, al ver las películas de Disney desde nuestra infancia, no reparemos en la gran cantidad de estereotipos y connotaciones negativas que se muestran y que evocan indirectamente a las personas LGTBI. Por lo general, los personajes LGTBI suelen ocupar papeles centrales en la trama, pero eso sí, quedan relegados al papel de malvado de turno. Aquel personaje que está equivocado, aquel al que se le “humilla”, aquel que actúa de manera inaceptable, injusta, tramposa, deplorable… En definitiva, el personaje que ningún/a niño/a querría ser.

Evidentemente, me gustaría alejarme de validar determinados clichés y estereotipos acerca de las personas LGTBI que reduzcan la gran diversidad existente a una determinada expresión de género, características físicas, gustos… Pero, eliminando esto, es preciso reconocer que el mundo entiende el lenguaje de estereotipos. Estas/os villanas/os tienden a comportarse de manera afeminada, a no mostrar interés por personajes del sexo opuesto en contraposición al resto de personajes, a vestir de una manera llamativa… En definitiva, la expresión de género y una sexualidad mucho más libre que la del héroe o heroína es una de las grandes diferencias entre protagonistas y antagonistas que hace Disney. ¿Tendremos héroes y heroínas encarceladas/os por la cisheteronormatividad o a villanas/os ridiculizadas/os y rechazadas/os por su apariencia LGTBI? Creo que, en este caso, podemos hablar de ambas.

Villanas y villanos Disney cortados por un mismo patrón: el LGTBI

Uno de los primeros personajes que se vinculan a estas características que los identifica como Sissy Villain, es el Capitán Garfio (Peter Pan, 1953), aunque El Honrado Juan de Pinocho ya podía asociarse. Con actitud afeminada, vestimenta fucsia de época, un gran sombrero con plumas y bigote perfectamente modelado, el personaje no muestra preocupación por mujeres mientras mantiene una relación “curiosa” con su acompañante Smee, que a su vez cumple un rol tradicional femenino, débil, gentil, servicial y siempre al servicio de Garfio. ¡Vaya!, parece que también estamos servidos de antiguos roles de género en este caso.

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Fotograma extraído de la película Peter Pan (1953) donde se muestra al Capitán Garfio junto a su ayudante Smee.

Podría ponerme a señalar a todos los personajes similares a Garfio, pero la cantidad de estos es abrumadora: Shere Khan (El Libro de la Selva, 1967); Príncipe Juan (Robin Hood, 1973); Rátigan, (Basil, el ratón superdetective, 1986); Jafar (Aladdín, 1992); Scar (El Rey León, 1994), gobernador Ratcliffe, (Pocahontas, 1995) cuya voz fue dada por el actor gay David Ogden, Hades (Hércules, 1997), Dr. Facilier (Tiana y El Sapo, 2009) o Candy King (Rompe Ralph, 2012). El problema no es la codificación de estos personajes como LGTBI, sino el hecho de que se les represente (y sobreexplote) como las/os villanas/os, contraponiéndose constantemente a la heterosexualidad claramente normativa del héroe o de la heroína, asociados a la bondad y la justicia, en estas mismas historias.

Cabe decir que la misma situación se da en el caso de las villanas, que reciben rasgos asociados al estereotipo de lesbiana (masculinidad, brutalidad, desinterés y/o agresividad hacia los hombres…). El caso de La Sirenita (1989) es especialmente particular, pues para el diseño de la malvada Úrsula se utilizó a la icónica estrella del drag norteamericano Divine. En este sentido, quedan un poco difusas las intenciones de Disney, aunque lo cierto, es que el nombre de la villana ha sido reapropiado por parte de la comunidad lésbica para referirse al equivalente femenino del “oso” gay (ya que “Úrsula” significa literalmente “ella-oso”).

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Úrsula (La Sirenita, 1989) junto a la la estrella del drag norteamericano Divine.

Lesbianas, gays, trans, bi, intersex…todos estos personajes tienen un corazón “tan retorcido como su muñeca”. Debido a los estigmas sociales contra todo lo femenino, hay una fuerte tendencia a la feminización de los villanos: gesticulación sinuosa, desinterés por personajes del sexo contrario (algo que no surge en el caso del personaje principal), risas extravagantes, un sentido de moda impecable y único (no siempre en ropa masculina), expresión de género relativamente ambigua… Y es que el personaje malvado, no tiene estas características por mero azar, todos los citados pueden ser entendidos como personajes LGTBI, algo que en ningún caso sucede entre los héroes o las heroínas. Después de todo, nada engrandece más al héroe de la trama que “patearle el culo” a otro hombre más afeminado que él.

La otra variante. Secundarios/as para ridiculizar.

Pero los problemas no acaban aquí. La figura LGTBI no siempre se representa en un personaje malvado. En otras ocasiones, el personaje en cuestión es “un pelele” que cualquier puede tratar como quiera, porque obviamente “no es un hombre del todo”. De hecho, y aunque cueste creerlo, el remake de la Bella y la Bestia ha sido objeto de varias críticas por personas LGTBI, dado que, si bien el largometraje mostraba el primer personaje abiertamente gay de la productora, este es un personaje bobo y ridículo que sigue la estela del malvado de la trama.

No es un caso aislado, pues este perfil se repite con Wiggins, el afeminado ayudante de Ratcliffe en Pocahontas (1995). La figura del gay ridiculizado es más frecuente de lo que nos llegamos a plantear, pues incluso en Mulán (1998) se puede encontrar otro ejemplo con Chin Fu. Este personaje se vinculaba inequívocamente con un hombre gay, pero si bien no era acompañante del malvado de la película, era malvado a su propia manera, un ser despreciable que actuaba de manera muy afeminada y que se oponía a que la protagonista lograra sus objetivos.

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Wiggins (Pocahontas, 1995), Chin Fu (Mulán, 1998) y Lefou (La Bella y la Bestia, 2017).

No se puede negar que Disney tiene el poder para formar nuestro pensamiento desde la infancia, influyendo en cómo vemos el mundo, nos situamos en él e incluso como contamos historias. Cada niña ha tenido su princesa favorita, los niños han de huir de estas y seleccionar a su masculino y caballeroso héroe favorito. Del mismo modo se enseña a diferenciar lo bueno de lo malo, y evidentemente si sobreexponemos una figura a personajes despreciables, la traducción de esto puede ser muy nociva para la igualdad de las personas LGTBI. Aunque no voy a ser yo quien niegue que, desde una perspectiva más adulta, los personajes que representan el mal resultan mucho más divertidos e interesantes que los clásicos héroes (Hades VS Hércules, Úrsula VS Ariel, Maléfica VS Aurora…).

¿Cómo y por qué surge esta codificación queer?

El término que se utiliza para explicar este fenómeno es la codificación queer, es decir, la representación de un personaje con atributos asociados estereotípicamente a las personas LGTBI. No obstante, esto encuentra su origen en Hollywood, donde se prohibió por ley la inclusión de personajes abiertamente LGTBI o referencias hacia la diversidad afectivo-sexual y de género en toda su producción. Esto derivó en que las/os directoras/es ingeniaran estrategias para esquivar la censura.

Ello se explica muy bien en el documental ‘Do I Sound Gay? (David Thorpe, 2014) que recomiendo totalmente. En él se analiza el fenómeno en el que Hollywood formó personajes educados, cosmopolitas, refinados y con una voz característica, que se convertiría en el estereotipo asociado a “lo gay”. No obstante, los personajes eran relativamente inofensivos hasta la década de los 40, donde se comenzó a abusar de esta figura como villanas/os.

Pero aún queda algo en el tintero. El personaje malvado implica aún más que desprecio indirecto a las personas LGTBI, pues sostiene “indeseable feminidad”. Culturalmente, se asocia todo lo relacionado con las mujeres como algo débil, ilógico, erróneo… En este sentido, cualquier transgresión de la norma, y las amenazas al orden heteropatriarcal se perciben como peligrosa/negativa, algo que se repite hasta la saciedad en el cine. En términos generales, se puede decir que la raíz de esto no es solo LGTBIfóbica, sino también machista, pues se rechaza que un hombre pueda adoptar maneras de actuar tradicionalmente femeninas por considerar estas inferiores. Definitivamente, la lucha LGTBI y la feminista comparten un mismo enemigo.

No se trata de un fenómeno exclusivo de la animación, ya que se encuentran ejemplos en películas de diversos géneros cinematográficos: terror, comedia, suspense, drama… La cantidad de títulos es abismal: La Hija de Drácula (1936), El Silencio de los Corderos (1991), Emperador Commodus de Gladiator (2000), Loki de Thor (2011), Exodus: Dioses y Reyes (2014), Balem Abrasax de El destino de Júpiter (2015) o incluso el mismo Lord Voldemort de la saga Harry Potter (2001-2011). Y es que de acuerdo con los estudios de la Alianza Contra la Difamación LGTB, Glaad, tan solo el 12,6% de las películas estrenadas en 2016 cuenta con personajes LGTBI. Además, se puede señalar una sobrerrepresentación de los gays, frente a las lesbianas o las/os bisexuales, pues son el 64% de los personajes LGTBI (algo que se corresponde con la visibilidad social de este subgrupo).

No obstante, no me gustaría dejar la imagen de Disney completamente por los suelos, pues en muchas ocasiones es un referente para las personas LGTBI, así como un creador de referentes para las/os mismas/os (Úrsula, Ariel, Helga Sinclair, Cruella de Vil…). Además, en diversas ocasiones ha dado paso a personajes asociables estereotípicamente a las personas LGTBI como el Genio (Aladdin, 1992), Rex (Toy Story, 1995), Prickly (Lilo & Stich, 2002), Terk interpretada por la famosa actriz lesbiana Rosie O’Donell (Tarzán, 1999) e incluso la simpática oruga que se transforma en mariposa, Heimlitch (Bichos, 1998). Ahora bien, también se puede trazar una división entre lo que considera Disney respetable y lo no aceptable.

¿Qué opináis? ¿Os habíais dado cuenta de los rasgos que comparten casi todos/as los villanos y las villanas de Disney, y que estereotípicamente se asocian a las personas LGTBI?